"El hombre, la mujer y el niño están frente al sol, simbolizando la apertura de este continente hacia el resto del mundo. Es una fuerza impulsora y de atracción de la grandeza, la estabilidad y la perdurabilidad de África ", subraya con orgullo el presidente Wade. El problema es que, entre las declaración de intenciones de celebrar el renacimiento del continente y la construcción de este edificio, hay muchos claroscuros. En primer lugar, el proyecto es reivindicado por un solo hombre, el presidente Abdoulaye Wade, y no por la comunidad. De esta manera, el impulsor de esta obra se ve obligado a justificarse frente a los ataques y las recriminaciones.
Considerada como "la cultura de la desnudez y la decadencia", la estatua alimenta los sermones del viernes. Y en este debate, la palabra idolatría surge con bastante frecuencia. La disputa ha movilizado a un grupo de 18 organizaciones musulmanas lideradas por los imanes. El objetivo es el lanzamiento de una petición nacional, aunque el propio imán Ibrahima Dia admite que "tenemos una parte de responsabilidad. Debimos alzarnos contra esta estatua antes de que comenzaran las obras".
Sin embargo, en la calle no sólo se acusa a la estatua de intentar modificar o corromper la fe de los senegaleses. También se critica su elevado costo: 12 millones de francos CFA, es decir, 18 millones de euros, una cantidad de dinero brutal para la inmensa mayoría de la población, que cree que las prioridades deben ser otras, como el rebajar el precio de la cesta de la compra y otras de orden social.
Por otra parte, los detractores de la estatua critican los derechos de autor que se ha atribuido el presidente Wade, quien ha manifestado que, en tanto que autor intelectual, el 35% de los beneficios generados por la obra le pertenecen, mientras que el 65% restante irán a parar a las arcas del Estado. Esto plantea un problema de ortodoxia y una confusión entre la gestión personal y la participación del Estado. Por no hablar de los aspectos relacionados con la ejecución del proyecto y de la poco clara gestión relacionada con la concesión de tierras para construir la estatua, incluso si, tal y como anunció el propio Wade, los ingresos se utilizarán para construir colegios de preescolar en toda África.
Para las personas mayores que viven en Ouakam, la superstición es el único motivo para rechazar la estatua. "El monumento está construido sobre el hábitat del genio tutelar de la aldea. Esto es inaceptable", dice el viejo Cheikh Samb.
Pese a todo, hay senegaleses que no son hostiles al monumento del Renacimiento. Jóvenes autóctonos de Ouakam creen que es una oportunidad para encontrar un trabajo. El Hadj Kane, comercial de una gran empresa, asegura que "como patriota, estoy orgulloso de que mi país sea el hogar del monumento dedicado a toda África. Esta estatua es un símbolo que debe reforzar la cohesión entre los Estados y los pueblos de África, porque compartimos la misma cultura y la misma historia ".
Destacados intelectuales senegaleses la ven como un recordatorio de la importancia de África en el mundo frente a quienes estén tentados de ignorarla u olvidarla. A la vez surgen voces, y no menos importantes, que han magnificado este símbolo del renacimiento africano. Entre ellos están Nelson Mandela y Thabo Mbeki, quien se desplazó hasta Dakar para visitar esta obra de arte.
Cabe recordar que el concepto de renacimiento de África se planteó por primera vez en 1919 en el primer congreso de los artistas e intelectuales negros de París. Desde entonces, muchos otros intelectuales del continente se han apropiado del concepto. Hoy, Dakar tiene su estatua, como Nueva York y París. África tiene un símbolo que celebra su renacimiento. El monumento será inaugurado a bombo y platillo el 3 de abril 2010, en la víspera del cincuentenario de la independencia de Senegal. Todos los jefes de Estado de la región están invitados.
UN BRONCE QUE LO DOMINA TODO
Toda de bronce y con 50 metros de altura. Situada en lo alto de una de las colinas de Los Pechos. No se ve más que a ella, dominando todo el decorado. Incluso hace olvidar el viejo faro de Los Pechos a quien ha robado toda su fama. Un hombre con sombrero en la cabeza que agarra a una mujer por la cintura y sostiene a un niño con el brazo extendido. El dedo del niño señala al Atlántico. Sus cabezas se levantan con orgullo y miran hacia el horizonte, serenos. Este monumento es el símbolo del renacimiento africano.


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