El combate dura poco menos de un minuto. Omar Sakho, más conocido como Balla Gaye II, tumba a su oponente, Modou Lô, sin darle apenas opciones. Y es que 1,92 metros de altura y 110 kilos de puro músculo son difíciles de batir. Lô, abrumado y aún en el suelo, apenas tiene fuerzas ni ganas para volver a levantarse. Llevaba quince combates seguidos sin dar con sus huesos en el suelo. Balla Gaye II celebra la victoria con sus seguidores, la mayoría venidos del barrio de Guediawaye.
La lucha tradicional senegalesa, que guarda cierto parecido con la lucha grecorromana y con la lucha canaria, es mucho más que una práctica deportiva. También llamada laamb en wolof, está muy enraizada en varios puntos de África Occidental en sus distintas modalidades. Dentro de Senegal, son la Casamance y la desembocadura del río Saloum, al igual que Gambia, los lugares donde más se practica desde tiempos remotos.
En los pueblos del sur, los jóvenes entrenan y sueñan con representar a los suyos en las competiciones locales. Las mujeres cantan durante los combates y los tambores suenan para animar a los luchadores. Mientras tanto, los marabúes invocan a los espíritus para que la victoria se incline de un lado o del otro. Sin embargo, los grandes protagonistas, ídolos locales, son los propios luchadores, que lucen el taparrabos tradicional, llamado mbap, y varios amuletos de cuero y gri-gri para asegurarse el éxito.
Esta vieja costumbre, que permitía a los jóvenes medir sus fuerzas en el combate cuerpo a cuerpo, se ha convertido en todo un espectáculo deportivo y también en un fenómeno social capaz de paralizar a todo el país. Cada barrio y cada región tiene a su propio luchador y el ganador de la gran final se puede llegar a embolsar hasta 120.000 euros, una auténtica fortuna. Así le ocurrió, por ejemplo, a Mohamed Ndaw, apodado Tyson, en 2006.
Este atleta de enormes proporciones había creado un estilo propio, trufado con música de rap y los colores de la bandera estadounidense. Buena parte de la juventud senegalesa se identificó con este gigante y su victoria fue también la de ellos. Su combate final contra Yekini, también adorado en Senegal, reunió a 35.000 espectadores, entre los que se encontraba la esposa del presidente Wade, y fue retransmitido en directo por televisión. Tyson ha contribuido en buena medida a la enorme fama de este deporte en Senegal.
El reglamento es muy estricto y velan por su cumplimiento tres jueces árbitro. Un combate dura cuarenta y cinco minutos en tres partes con pausas de cinco minutos. El combate termina cuando hay una caída de uno de los luchadores. Se considera que existe caída cuando la cabeza, las nalgas o la parte trasera del luchador llegan al suelo. A diferencia de otros tipos de lucha, se permiten los golpes entre ellos. La victoria también puede atribuirse a un luchador cuando su oponente no presenta las condiciones físicas o médicas adecuadas para la lucha.
Pero, ¿quién es el nuevo campeón? Guediawaye es un barrio pobre del Grand Dakar. Allí, Balla Gaye, ex campeón de boxeo de África Occidental, abrió un gimnasio hace ya algunos años y se dedicó a enseñar a los jóvenes el arte de la lucha senegalesa. Su pupilo más avezado se llama Omar Sakho, que en honor a su maestro se hace llamar Balla Gaye II. Este domingo, con 22 años cumplidos, se consagró en Dakar.


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