El gobernador del Banco Central de los Estados de África del Oeste (BCEAO), Philippe-Henry Dacoury-Tabley, ha vuelto a limpiar el polvo y poner fecha a una de las viejas aspiraciones de los principales líderes africanos de ayer y de hoy, la unión económica y la moneda única para el año 2021, como mejor manera de hacer frente a crisis mundiales como la que se vive en la actualidad. Sin embargo, muchos expertos temen que este proceso tarde mucho más tiempo y dudan de que se pueda llevar a la práctica dada la debilidad intrínseca de muchos países del continente.
“Debemos concentrar nuestros esfuerzos en mejorar la convergencia macroeconómica”, dijo Dacoury-Tabley el pasado 24 de febrero en Dakar durante la inauguración de una reunión de la Asociación de Bancos Centrales Africanos (ABCA), “así como en la armonización de los métodos económicos y financieros. Las repercusiones de la crisis incitan a un reforzamiento de las relaciones de cooperación entre nuestras instituciones respectivas”.
Estamos ante un viejo proyecto que enlaza con la idea de los Estados Unidos de África ya adelantada por grandes panafricanistas como el que fuera primer presidente de Ghana y líder de la independencia de este país, Kwame Nkrumah. No en vano, formaba parte de la declaración de intenciones de la Organización de la Unidad Africana (OUA) desde el año de su creación, en 1963. El testigo de esta idea ha sido retomado por el presidente libio Muammar al-Gaddafi durante la presente década. “Tendríamos un sólo gobierno para 53 naciones, con una moneda común, un solo pasaporte y un ejército de dos millones de soldados”, ha dicho el que fuera hasta hace unas semanas presidente de la Unión Africana (UA).
Estas propuestas han sido acogidas con cierto escepticismo entre los países más modestos, pero también con entusiasmo por otros grandes líderes regionales. Así, por ejemplo, el presidente senegalés Abdoulaye Wade es firme partidario de la convergencia. De hecho, incluso ya se ha planteado la posibilidad de que dicha moneda común se llame Gold Mandela, en homenaje al gran luchador contra el apartheid sudafricano y posteriormente jefe de Estado en su país.
Pero el proceso no va a ser fácil. La estrategia pretende avanzar hacia la unidad a partir de las cinco uniones monetarias ya existentes en África. El éxito alcanzado por el euro en la UE parece haber estimulado esta idea en la década pasada, pero la fragilidad de las instituciones monetarias africanas es un factor que va contra esta corriente. Tal y como aseguran los economistas Paul Masson y Catherine Pattillo en su informe sobre África, ¿una moneda única?, “si crear instituciones adecuadas ha sido difícil para un grupo de países ricos con sistemas burocráticos muy buenos y que han colaborado estrechamente por más de cincuenta años, con una perspectiva realista el reto para los países africanos se antoja enorme”.
Algunos acontecimientos recientes parecen dar la razón a los expertos. La Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CDEAO) tenía previsto incluir a cinco nuevos países en su unión económica, en concreto Nigeria, Ghana, Sierra Leona, Gambia y Guinea Conakry, y lanzar la Eco como nueva moneda común que sustituya al franco CFA. Sin embargo, el proceso se ha tenido que retrasar nada menos que cinco años, hasta el 1 de enero de 2015. En este caso, Nigeria es uno de los principales escollos debido a su tamaño, su elevado déficit y su indisciplina fiscal.
Imagen vía: Imf
DOS EXPERIENCIAS CON LUCES Y SOMBRAS
En la actualidad ya funcionan dos experiencias positivas de unión monetaria en el continente africano. La primera de ellas es la que abarca a la Unión Económica y Monetaria de África Occidental (UEMAO), en la que están incluidas Benín, Burkina Faso, Costa de Marfil, Guinea Bissau, Malí, Níger, Senegal y Togo, y a la Comunidad Económica y Monetaria del África Central (CEMAC), con Camerún, Gabón, Chad, Guinea Ecuatorial, República Centroafricana y el Congo, países en los que funciona una moneda común, el franco CFA. La otra zona de África con unión monetaria es la Zona Monetaria Común (CMA) del sur continental, con Lesotho, Namibia, Sudáfrica y Swazilandia. En este caso, aunque vinculadas, cada país conserva su propia moneda.
Pero no a todos los países les ha ido igual. En el sur, es la potente Sudáfrica quien fija las políticas monetarias y el comercio intrarregional no se ha visto muy favorecido debido a los problemas de conexión, aunque las tasas de inflación se han mantenido bajas y la convergencia de la renta per cápita entre los tres países ha sido bastante evidente. En la zona occidental y central del continente, las transacciones han salido beneficiadas sobre todo en el Oeste, pero la crisis de los ochenta y los noventa y la inestabilidad política en el Golfo de Guinea ha perjudicado a todas las economías.
De hecho, de cara a la unión monetaria africana, recientes estudios apuntan a que algunos países saldrían muy favorecidos, entre los que se encuentran Kenia, Nigeria, Ghana y Angola, y otros, como Egipto, Senegal o Malí, no tanto.


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