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Cultura

CULTURA

Los cuentos africanos de Doris Lessing

JACOBO VALCÁRCEL

22/02/2012

La escritora británica, Doris Lessing, Premio Nobel de Literatura, escribió estos cuentos africanos, publicados en 1964, basados en su experiencia vital de 25 años en el continente negro:

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“Como yo me crié en el Sur de África (Rodesia del Sur), una parte de mi obra tiene esa zona del mundo por escenario, y la prominencia de los conflictos raciales ha hecho inevitable que los aspectos que reflejan el problema racial hayan eclipsado todo lo demás (...) Creo que el principal don de África, a los escritores blancos y negros, es el continente mismo, su presencia, que, para algunas personas, es como una fiebre antigua, latente siempre en la masa de la sangre; o como una vieja herida que siempre palpita en los huesos cada vez que cambia el aire. Un continente que no se debe visitar a no ser que se elija vivir después para siempre exilado de un inexplicable y majestuoso silencio que se sitúa exactamente en el límite de la memoria o del pensamiento. África nos hace saber que el hombre es una criatura pequeña, entre otras criaturas, en un paisaje muy amplio.

Los cuentos son el testimonio de Lessing sobre el breve momento comprendido entre la destrucción de la vida tribal de los africanos por la dominación de los blancos y la desaparición de esa sociedad desintegrada que-como ella dice- no podía durar mucho tiempo. La mayoría de esos relatos ya había aparecido en otras dos colecciones anteriores de la misma autora: “This was the Old Chief´s Country (Este era el país del viejo jefe)” -1951- y “Five (Cinco)” -1953- y tienen como protagonistas principales a los colonos blancos y, fundamentalmente, a mujeres como madres, hijas, jóvenes. Lessing en su prólogo para la colección de 1964 señala como los más destacados “El viejo jefe Mshlanga”, Los hechizos no están en venta”y “El pequeño Tembi”, a los que añade algún otro como “Un amanecer en el veld” un cuento que no trata de los conflictos entre blancos y negros, pero que sugiere, incluso, una reflexión más profunda sobre las relaciones entre todos los seres vivos.

En “El viejo jefe Mshlanga” la protagonista es una niña blanca a la que, al principio: “Los negros de la hacienda le resultaban tan ajenos como los árboles y las piedras. Eran una amorfa masa negra, que se mezclaba, se separaba, y se volvía a reunir como hacen los renacuajos; eran seres sin rostro, que existían exclusivamente para servir, para decir “Sí, baas” coger su jornal y marcharse…” hasta que conoce al anciano jefe Mshlanga que la llama respetuosamente la “pequeña “nkosikaas” --pequeña jefa-- y comienza a humanizarlos. Los encuentros entre ambos y la evolución de sus sentimientos ---miedo a la soledad, asombro, aislamiento, amistad, comprensión, obstinado estoicismo----se ven reflejados plásticamente a través de las diferentes interpretaciones y sensaciones de la niña ante los distintos paisajes y escenarios de su relación -la calle, el poblado del jefe, la casa de la niña.- Se ve también la humillación de los negros y la injusticia de su desplazamiento desde su lugar de procedencia a reservas cada vez peores, porque: “la tierra del gobierno donde habían estado hasta entonces se iba poner en seguida a disposición de los colonos blancos” y se cuestiona la presencia de estos como invasores de un territorio porque--como dice el jefe Mshlanga con enorme dignidad--: “Toda esta tierra que según usted le pertenece, es suya, pertenece a nuestro pueblo.”

El pequeño Tembi” describe la evolución de la relación materno- filial que se establece entre el niño negro Tembi y Jane, una enfermera blanca, que le salva de la muerte al nacer. Tembi es “adoptado” por Jane hasta que ella tiene hijos con su marido, pero su especial conexión se va deteriorando progresivamente-- a pesar de sus esfuerzos recíprocos--, mientras Tembi, al que Jane no consigue comprender, va creciendo hasta convertirse en un adulto inmerso en su propio mundo: “Hay algo horrible en todo ello-dijo intranquila-No voy a poder olvidarlo”[…] “¿Qué era lo que quería durante todo este tiempo?" Su relación es la de un niño-adolescente que se siente desplazado y abandonado y actúa, sobre todo, con la intención de llamar la atención de una madre que le ha mimado y protegido en exceso desde el principio.

En “Los hechizos no están en venta” el cocinero negro Gideon evita con un remedio ancestral con el jugo de una determinada raíz, que el hijo de la señora blanca para la que trabaja se quede ciego por culpa del veneno de una serpiente que le escupe en la cara. Sin embargo, posteriormente Gideon se negará a identificar la raíz salvadora a un investigador de medicamentos que intentará por todos los medios conocer su secreto. Gideon es un hombre libre, el descendiente de una estirpe de curanderos, que regala su sabiduría, voluntariamente y sin esperar recompensa alguna, a quienes comparten de algún modo su vida, a quienes son sus correligionarios, (entre los que está, en este caso, el niño blanco y su madre hasta que se distancia de ellos al presionarle para que venda su remedio) pero que no la da a cambio de dinero, ni de fama, ni por el bien de una humanidad desconocida.

En “Un amanecer en el veld” se describe a un adolescente que en el amanecer de un día especial por su entrada en la vida adulta, sale de caza y se adentra en la estepa africana y llevado por esa orquesta de sentidos que le rodea estalla de júbilo, “lanzando alaridos por la alegría de vivir y por la sobreabundancia de la juventud”[…] “¡Tengo quince años! ¡Quince años!”[…] “Sintió la vida que tenía por delante como una cosa grande y maravillosa, algo que era suyo”[…],no hay nada que no pueda llegar a ser, nada que no pueda hacer” [..] Yo contengo el mundo. Puedo hacer de él lo que quiera. Si quiero puedo cambiar todo lo que va a suceder: depende de mí, y de lo que yo decida ahora”[…]Cantaba si quería; y el mundo tenía que contestarle”[…]”Se detuvo para escuchar el eco”[…]

“Y después tuvo la impresión de que oía una nueva voz”[…]”En el profundo silencio matutino que encerraba su futuro y su pasado, había un sonido de dolor”.. Con el corazón latiéndole de prisa por aquel chillido aterrorizado encuentra entre dos árboles lo que parece ser un extraño animal, con cuernos y patas vacilantes, cubierto de jirones negros, que salta como ciego de un lado a otro porque está siendo devorado vivo por miles de hormigas. Duda si pegarle un tiro para acortar su sufrimiento, pero desiste porque “si yo no hubiese aparecido, el antílope habría muerto así: por tanto, ¿por qué intervenir? […] “La conciencia de la fatalidad, de lo que tiene que ser, había hecho presa en él por primera vez en su vida” […] “Sí, sí. La vida consiste en eso.”[…]”y se recordó que ¡también las hormigas tienen que comer! Al mismo tiempo descubrió que las lágrimas le corrían por las mejillas”[…] “Aquella misma mañana, quizá tan solo una hora antes, el pequeño antílope avanzaba orgulloso y libre por la espesura, sintiendo el frío en la piel igual que le sucediera a él, y experimentando el mismo alborozo” ….

“Y luego, ¿qué había sucedido? Una criatura tan veloz y de pie tan seguro no podía nunca verse atrapada por una colonia de hormigas.” El muchacho examina el animal y descubre que tenía una pata rota; quizá -piensa- porque unos nativos le habían apedreado para comérselo; pero entonces “otra escena surgió en su mente. Se vio a sí mismo en cualquiera de aquellas brillantes mañanas sonoras, disparando de repente contra un antílope visto tan solo a medias”[…]`”preguntándose si habría acertado o no`[…] “y “durante un momento no fue capaz de enfrentarse con semejante posibilidad. Volvió a ser un niño pequeño, que le daba patadas al esqueleto de muy mal humor, que agachaba la cabeza, que se negaba a aceptar su responsabilidad”. Finalmente, mientras vuelve a casa a desayunar se va dando cuenta de que “la muerte de aquel pequeño animal era una cosa que le atañía”[…]“Muy pronto, al día siguiente por la mañana, se desentendería de todo el mundo y se iría a la sabana para pensar en ello”.

Hay igualmente otra serie de cuentos interesantes en el libro. Lo que aporta en ellos Lessing de fresco y original es su visión inteligente, femenina y sensible de las cosas y de temas como la maternidad, que está muy presente en alguna de las narraciones; el hecho de que haya muchas mujeres como protagonistas, y que se describa con gran interés su interior psicológico, hace que este sea un libro distinto de otros. Se nota que Lessing ama también los paisajes africanos y los transmite con gran fuerza expresiva llegando uno a sentirlos como propios, como puede ser el ambiente único de la sabana africana que ella nos describe.
 


Comentarios - 1

1Severina do Carmo Silva17/11/2013 21:23h.
Muchas gracias por el postage destes textos tan maravillosos y cuyo contenido nos los conocia. Por sus conocimientos me gustaria de poder tener el libro de cuentos. Si estan traducidos en portugues, pueden me notificar? Gracias

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Doris Lessing.

DORIS LESSING.Fotografía: GGB


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